Existe en nosotros, los humanos, una fuerte pulsión de sentimientos ante determinadas situaciones pasionales que no podemos explicar, que tienen una profundidad tal que casi podemos ver materializada. Aún así las propias palabras no alcanzan. Y allí están los grandes pensadores, los que con un par de renglones dicen por nosotros aquello que no sabemos como explicar. Leamos a uno de ellos, Dolina, claro:¿Donde estará tu mundo?
¿Qué cielos lo iluminan?
Quiero soñar tus sueños
Ir más allá, más allá...
No quiero ser recuerdo
No quiero ser olvido
Llévame amor, quiero ir con vos
Más allá, más allá, más allá...
Estos versos pertenecen a una de las canciones del radiocine La Invasión. Durante la trama una de las protagonistas asi le canta al extraterrestre invasor y, como en tantos otros radiocines, vemos claramente el oculto sentido allí puesto: desde el humor de la situación germina una intensa sensibilidad. Y Dolina aprovecha la circunstancia galáctica para hablarnos de otras galaxias, las del alma. El que no sienta que a veces la persona amada pertenece a otros mundos, que levante valientemente la mano. Claramente al cantar “más allá, mas allá” no habla de distancias espaciales.
Y en donde yo veo la abismal profundidad pasional que nos resulta a la mayoría imposible de explicar es en la frase “no quiero ser olvido” dicha inmediatamente después de la anterior “no quiero ser recuerdo”. Una luego de la otra es algo que pocos pueden decir. Juntas tienen una contundencia tal que abruma. No querer ser recuerdo es desear estar en el presente del otro pero, ante la posibilidad de la derrota al menos, no ser olvido. Tremendo. Genial.
Así me parece, hay otras lecturas posibles, claro. ¿Vos que opinás?
Nota: si escuchan el tema, sentirán el giro sonoro que ocurre sobre la frase “no quiero ser olvido”, para darle aún más contundencia emocional.
Y en donde yo veo la abismal profundidad pasional que nos resulta a la mayoría imposible de explicar es en la frase “no quiero ser olvido” dicha inmediatamente después de la anterior “no quiero ser recuerdo”. Una luego de la otra es algo que pocos pueden decir. Juntas tienen una contundencia tal que abruma. No querer ser recuerdo es desear estar en el presente del otro pero, ante la posibilidad de la derrota al menos, no ser olvido. Tremendo. Genial.
Así me parece, hay otras lecturas posibles, claro. ¿Vos que opinás?
Nota: si escuchan el tema, sentirán el giro sonoro que ocurre sobre la frase “no quiero ser olvido”, para darle aún más contundencia emocional.
Escribime: fuegomaduro@hotmail.com