
Hoolywood 1994.
Al departamento de policía llega una carta llena de odio y perversidad. Chihuahua el ayudante se la lee a Doberman en inspector y, en medio de un silencio en el que no ladra ni un perro, se enteran de que hay amenaza de bomba en la gran fiesta que se viene. La entrega de los Martin Iron es inminente, la famosa estatuilla es deseada por todas las estrellas, la fama espera a los vencedores y si no asisten al evento, ella se va.
El infalible inspector y su ayudante ponen en marcha un plan, que es interrumpido por la llegada de una segunda carta en la que se renueva la amenaza de atentado, ja ja ja -según refiere la misma carta-. La cuestión es que si no se encuentra al infrascripto todos volarán por el aire (es curioso el furcio de Dolina al comienzo, en vez de decir dorso dice sordo, hasta para equivocarse es gracioso).
El sonido al comienzo tiene un zumbido molesto, luego desaparece. Acompañan a Dolina los de siempre: Ana Naón, Sonia y Gabriel Rolón, Jorge Dorio y Stronatti.
Al departamento de policía llega una carta llena de odio y perversidad. Chihuahua el ayudante se la lee a Doberman en inspector y, en medio de un silencio en el que no ladra ni un perro, se enteran de que hay amenaza de bomba en la gran fiesta que se viene. La entrega de los Martin Iron es inminente, la famosa estatuilla es deseada por todas las estrellas, la fama espera a los vencedores y si no asisten al evento, ella se va.
El infalible inspector y su ayudante ponen en marcha un plan, que es interrumpido por la llegada de una segunda carta en la que se renueva la amenaza de atentado, ja ja ja -según refiere la misma carta-. La cuestión es que si no se encuentra al infrascripto todos volarán por el aire (es curioso el furcio de Dolina al comienzo, en vez de decir dorso dice sordo, hasta para equivocarse es gracioso).
El sonido al comienzo tiene un zumbido molesto, luego desaparece. Acompañan a Dolina los de siempre: Ana Naón, Sonia y Gabriel Rolón, Jorge Dorio y Stronatti.
Inevitable como hueso para un can: